Alexander frunció el ceño al oír aquellas palabras que venían de Valentina, cuando apenas llevaban dos meses de casados.
–¿Qué? ¿De qué estás hablando?–
–Me escuchaste muy bien. Quiero el divorcio. No voy a permitir que me faltes al respeto restregándome a tu amante en la cara, no soy el tipo de mujer que acepta infidelidades en silencio. Si quieres seguir viviendo con tu “querida Leila”, nos divorciamos. Yo pago la multa que sea necesaria, pero no voy a vivir como la tercera persona en mi prop