Valentina sujetó la correa de su bolso sin apartar la mirada de la más joven.
Leila miró a Valentina de arriba abajo y esbozó una sonrisa “amable”.
–Debes de ser Valentina, pensé que eras Alexander, dijo que volvería hoy y me pidió que lo esperara aquí– dijo con la voz baja, de forma tímida, bajando la mirada y fingiendo inocencia.
Valentina apretó la mandíbula y lanzó el bolso al sofá, caminando hasta el pie de las escaleras sin quitarle la mirada severa.
–¿Alexander dijo qué?– preguntó intent