Valentina miraba a Alexander confundida, nerviosa y sin saber qué responder. Y que él estuviera tan cerca y la mirara de aquella forma tan intensa no la ayudaba a pensar con claridad.
–Bueno, yo…–
El celular de Valentina sonó y Alexander casi gruñó, irritado.
–Es mi madre, quedé en encontrarme con ella para arreglarme para la cena–
–Yo te llevo hasta allí–
–No es necesario, tú también necesitas ir a arreglarte y el spa queda al otro lado. Nos vemos en la cena–
Valentina corrió hacia la calle donde un taxi acababa de dejar a alguien y se subió, marchándose.
Alexander suspiró metiendo las manos en los bolsillos mientras la veía partir, y esbozó una sonrisa.
–Una victoria a la vez. Puedes ser dura y terca, Valentina Velasco, pero yo lo soy más–
......
Josefina terminaba de dar instrucciones a las sirvientas que organizaban la mesa de la cena cuando el timbre sonó.
–¡Han llegado!–
La gobernanta fue a abrir la puerta y condujo a los Riva Palacio hasta la sala de estar donde estaban los Vel