Valentina miraba a Alexander confundida, nerviosa y sin saber qué responder. Y que él estuviera tan cerca y la mirara de aquella forma tan intensa no la ayudaba a pensar con claridad.
–Bueno, yo…–
El celular de Valentina sonó y Alexander casi gruñó, irritado.
–Es mi madre, quedé en encontrarme con ella para arreglarme para la cena–
–Yo te llevo hasta allí–
–No es necesario, tú también necesitas ir a arreglarte y el spa queda al otro lado. Nos vemos en la cena–
Valentina corrió hacia la calle do