Valentina bajó la mirada y otra lágrima se escapó, aceptando su derrota.
–Perfecto. Ahora que te has calmado, ve a prepararte, tenemos una cena en la mansión de mis padres con algunos socios– dijo él, intentando sonar suave para compensar su tono agresivo e intimidante anterior, y estiró los dedos para limpiar la lágrima de Valentina, pero ella desvió la mano, giró el rostro hacia un lado y se alejó de él, dirigiéndose al baño, donde cerró la puerta con llave.
Alexander cerró los ojos y golpeó