–Señor Bórgia, ya conoce a mi hijo de otras ocasiones– dijo Heitor, y Alexander se acercó al hombre mayor y se estrecharon la mano.
–Buenas noches, señor Bórgia, es un placer volver a verlo. Y esta es mi esposa…–
–Valentina, cuánto tiempo– Antonia sonrió y se acercó a la joven, saludándola con dos besos en la mejilla mostrando su cercanía. –Estás tan hermosa y deslumbrante como siempre–
–Muchas gracias, señora Bórgia, y debo decir lo mismo de usted– Valentina respondió educadamente, sonriendo a