–Hola, soy Leila. Tu vecina del apartamento de al lado. ¿Alexander no te lo contó? –preguntó con una amplia sonrisa victoriosa al ver la expresión de Valentina–. Me dio un apartamento al lado del suyo. Ahora somos vecinas y nos vamos a ver TODOS los días.
Valentina sintió su cuerpo entero helarse y una furia descomunal apoderarse de ella mientras procesaba la posibilidad de que esas palabras fueran verdad.
De ninguna manera, Alexander jamás haría eso.
–¿De qué… de qué estás hablando? –preguntó