–Ah, qué situación...– comentó Dominic después de escuchar todo lo que Alexander le había contado, sentados en aquel café.
–Mi padre sigue presionándome por todos lados. Si continúa así va a destruir todo lo que he conseguido. ¡Pero yo tampoco puedo ceder, renunciar a Leila y traicionar nuestro amor! Mucho menos casarme con otra mujer–
–Sabes que estoy de tu lado. Pero tu padre es un hombre de gran influencia y un pésimo enemigo, incluso Don Caetano tenía miedo de ponerse en su contra–
–¿Me estás diciendo que ceda y renuncie a Leila? Yo amo a Leila, ella es la mujer de mi vida, ¿acaso tú renunciarías a Serena?–
–¡Nunca! Jamás– respondió Dominic de forma rápida y sin dudar.
–Exactamente, ¡yo tampoco voy a renunciar a Leila!–
–Bien, entonces no renuncies. Ven a Estados Unidos conmigo y retoma tus negocios allá; incluso estando fuera sigo teniendo mucha influencia y varios otros negocios, podemos ser socios. Tu padre es influyente aquí, pero allá no tendrá cómo controlarte a ti ni a tus