CALIFORNIA…
—¿Gallinas? ¿Vacas? ¿Cabras? Querida, ¿estás bien? ¿De verdad estás pensando en convertirte en granjera o algo así? Dijiste que sería solo por un tiempo, pero ya han pasado casi dos años y ahora estás criando animales —preguntó, admirada, la mujer al otro lado del teléfono.
Serena sonrió, caminando de un lado a otro en la cocina.
—Esto es un rancho y hay mucho espacio. Pensé que podía criar algunos animales, y está siendo genial: despertarse, cuidar de los animales y de las plantas. Ya verás la próxima vez que vengas a visitarme.
—¡La próxima vez que vaya a ese fin del mundo, te llevo conmigo!
—Ni pensarlo. Pronto empieza la temporada de siembra del maíz y dicen que en estas tierras el maíz se da muy bien.
—¡Cielos! ¿Qué le pasó a mi princesa?
Serena sonrió aún más.
—Se convirtió en una princesa granjera.
—Señora, ¡el pastel! —avisó la esposa del capataz, que estaba cortando algunas verduras en la cocina.
—¿Pastel? ¿Ahora estás cocinando? —preguntó la voz del teléfono.
—Sí