Días atrás…
ITALIA…
Dominic entró en la sala de reuniones donde todos lo esperaban, la mayoría con expresiones nada amistosas, pues no querían a un extraño como Don de su familia. Admitían que Dominic era eficiente y muy diligente, pero para ellos la sangre era más fuerte que cualquier otra cosa.
—Gracias a todos los que se hicieron presentes hoy —comenzó Dominic en cuanto se sentó en la cabecera de la mesa.
—Como todos saben, el fallecido Don Caetano Greco me dejó como su legítimo sucesor para asumir el cargo de Don de esta familia.
Las miradas se endurecieron aún más. Sin embargo, no podían hacer nada, pues además de ser un deseo y una orden del difunto Don, Dominic ya no era aquel muchacho huérfano que había sido acogido como hijo adoptivo; ahora era un hombre poderoso y peligroso, con conexiones que ciertamente superaban el poder de la familia Greco.
—Sin embargo, no tengo la intención de asumir ese cargo.
Todos miraron a Dominic, conmocionados y sorprendidos.
—¿Qué? ¿Estás renunc