—¿Lo dejo pasar?—
Serena se acomodó el cabello y la ropa, levantándose de la silla.
—Déjalo entrar—
—Con permiso—
La joven salió, y enseguida la puerta se abrió revelando a un hombre alto, vestido con un elegante traje gris oscuro y un abrigo largo negro.
—Serena— Antonio se acercó caminando con elegancia y una sonrisa amable en los labios, y llegó hasta Serena, saludándola con un beso en el dorso de la mano.
—Antonio, no te esperaba aquí, y mucho menos a esta hora—
—No puedes culparme. Me priv