Serena logró separarse del beso y miró a Antonio con rabia, pero su corazón latió con fuerza al oír la voz de Dominic.
—¡ANTONIO!—
Ambos se giraron en esa dirección y enseguida fijaron la vista en el arma que Dominic sostenía en la mano, con una mirada asesina y apretando el revólver con una fuerza desmedida.
—Hermano— dijo Antonio sonriendo, restándole importancia a la situación, mientras metía las manos en los bolsillos del pantalón—. ¿Por qué andas por ahí con esa arma y esa cara? Podrían confundirte con un gánster o algo así.
Dominic fulminó a Antonio con la mirada y luego miró a la mujer a su lado, sintiendo aún más rabia y deseos de descargar ese revólver contra alguien.
—¿Qué crees que estás haciendo?— preguntó Dominic entre dientes, volviendo a mirar a Antonio.
—¿Qué… ah, el beso? Bueno, salimos a cenar y simplemente pasó. Pero no te importa, ¿verdad? Varias veces dijiste que ella no significaba nada para ti. Incluso dijiste que me la darías si yo la quisiera.
Serena sintió el