Gregorio se acercó a la escalinata de la mansión y extendió la mano hacia Melissa, que lo miró haciendo que sus miradas se cruzaran durante largos segundos.
Melissa puso su mano sobre la de Gregorio, que la sostuvo con firmeza, ayudándola a bajar los últimos escalones.
Gregorio miró a la joven frente a él de arriba abajo, sin poder disimular su fascinación por su bella figura.
–Estás… hermosa y encantadora–
Melissa no pudo contener la leve sonrisa que brotó en sus labios. Era el primer cumplido