–¿Es ella?– preguntó el hombre que vestía un pantalón blanco y una camisa estampada con los primeros botones abiertos, dejando al descubierto su pecho liso y definido, y se quitó las gafas de sol de colores mirando a Melissa de arriba abajo.
–Sí, es ella.– respondió Gregorio con una leve sonrisa de lado mientras miraba a Melissa, que lo observaba sin ocultar su odio.
–¡Es divina!– dijo el hombre acercándose a Melissa y analizándola –¡Un maniquí perfecto! ¡Ya lo tienes todo! Unos ajustes en ese