El viento del bosque silbaba entre las ramas retorcidas y, aun con la luz filtrada del sol matinal, había un peso en el aire. Lyra se envolvió con más fuerza en la capa que River le había dado; el tejido todavía llevaba su olor: tierra, madera y, muy levemente, sangre. Al fin y al cabo, siempre parecía que alguien estaba muriendo en la tierra de nadie.
El camino fue silencioso, y ella caminó durante unas horas convencida de que seguirlo era la mejor solución. Pero cuando el bosque empezó a cerr