El aroma a madera pulida y a lavanda ambientador llenaba el despacho silencioso. La chimenea crepitaba en un rincón, lanzando sombras anaranjadas sobre las paredes de piedra, mientras el viento afuera hacía vibrar las ventanas; el festival había terminado, la manada estaba tensa. La mansión de la manada de la Luna Sangrienta imponía, pero el corazón del liderazgo latía allí, en ese cuarto revestido de tensión.
River estaba de pie, con los brazos cruzados y la mandíbula apretada. Los ojos ardía