Capítulo 57

Echó una mirada alrededor antes de que ella terminara de hablar, una mirada que ella siguió de principio a fin y, cuando las pisadas fueron perfectamente audibles para ambos, corrieron al mismo tiempo hacia el pequeño armario que había en una esquina, disimulado con el color de las paredes. Fue ella quien lo abrió y fue también la primera en meterse dentro, entre los tres abrigos viejos que D’Ándalan había guardado allí. Shasta pareció dudar un instante, un instante infinito, antes de entrar

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