Capítulo 58

Amira no volvió cantar, ni tampoco respondió, y una pequeña parte de su mente se arrepintió de haberla interrumpido. Le encantaba su voz y por eso, por todo lo que le hacía sentir, prefería no escucharla. Continuó esforzándose por respirar, aunque en menor medida; su compañía le hacía sentir que no estaba completamente encerrado. No supo cuánto tiempo estuvieron allí, abrazados y en silencio, pero la concentración que le exigía el mantenerse cuerdo hizo que para él pasara rápido. El visitante

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