El suave zumbido del plóter imprimiendo los últimos planos se mezclaba con el olor a café recién colado en el "Estudio Rosales". Afuera, el cielo de Bogotá amenazaba con una de sus típicas lloviznas de media tarde, tiñendo los Cerros Orientales de un gris plomizo. Sin embargo, dentro de la oficina de Layla, la atmósfera era eléctrica, cargada de una anticipación vibrante.
Faltaban apenas dos horas para la presentación final ante el consorcio de inversionistas.
Layla pasó una mano por su cabello