Mundo ficciónIniciar sesiónLa oficina de Mateo en el contenedor principal no era un lugar diseñado para la intimidad, pero esa noche, con las cortinas echadas y solo una lámpara de escritorio encendida, se sentía como un búnker.
Mateo estaba sentado detrás de su escritorio, con la cabeza entre las manos. No había dicho una palabra desde que Layla le entregó la carpeta. Las facturas de Concretos Andinos, los correos electrónicos interceptados y los resultado







