[Daisy]
El apartamento de Layla olía a encierro, a vino rancio y a lágrimas secas.
Aparqué mi abrigo en el respaldo de una silla del comedor, esquivando un par de cajas de tiendas de lujo que seguían tiradas en el suelo desde el día anterior. Layla estaba sentada en el sofá, abrazando un cojín, con la mirada perdida en la pared blanca. Al menos se había duchado y cambiado de ropa, pero la sombra de la derrota seguía oscureciendo sus ojos azules.
Fui directo a la cocina, descorché una botella de