[Adriana]
El eco de ese nombre rebotó contra las paredes de mármol y cristal del penthouse como una condena de muerte.
David.
El aire de la habitación, que segundos atrás era espeso, caliente y cargado de un deseo abrumador, se congeló de forma instantánea. Mis pulmones se negaban a funcionar. El silencio que siguió a mi grito fue tan absoluto, tan pesado, que sentí que me aplastaba contra el colchón.
Alan no gritó. No se enfureció. Y eso fue mil veces más aterrador.
El hombre de fuego que me h