[Alan]
La vida tiene un sentido del humor jodidamente retorcido, cruel y calculador.
Me quedé inmóvil en el umbral de mi propio apartamento, con la mano aún apoyada en el pomo de la puerta. Frente a mí, a escasos dos metros, Layla me sonreía con esa mezcla letal de vulnerabilidad ensayada y seducción descarada. El vestido rojo carmesí que llevaba puesto no era una elección al azar; era un arma. Se ceñía a sus curvas con una precisión milimétrica, y el escote profundo estaba diseñado para desvia