REY DE OROS. CAPÍTULO 15. Dos adultos honestos
REY DE OROS. CAPÍTULO 15. Dos adultos honestos
Costanza se estremeció al escuchar la voz grave de Alaric en su oído, tan cerca que podía sentir el aliento acariciándole la nuca. La fuerza de sus manos era un peligro metafórico y literal, y ella solo imaginaba que iba a dejar las marcas de sus palmas en el espejo de lo mucho que le sudaban en ese momento.
Pasó saliva tratanto de enfocarse, pero podía sentirlo contra su trasero, no tan descarado, no tan vulgar, ¡pero de que el vampiro no era impotente, Diosito era testigo de que no lo era!
—¿Y… piensas sacar... todo ese cordón? —preguntó con la voz un poco temblorosa—. ¿O vas a usar directamente una tijera?
Alaric se rio, bajo y divertido, como si le acabaran de dar la mejor de las ideas. Tiró suavemente de ella hacia atrás hasta pegarla completamente contra su cuerpo, y la miró a través del espejo.
—Todavía estoy averiguando de cuántas maneras quiero quitártelo —susurró con picardía y Costanza carraspeó con fuerza, como si eso pudiera