Santi corría por el jardín con otros niños, riendo, persiguiendo una pelota que rodaba entre los arbustos bien cuidados del hospedaje. Por un instante, el mundo era simple otra vez. Hasta que dejó de serlo.
—Oye —dijo uno de los niños, deteniéndose de golpe—. ¿Por qué tu papá está en una reunión con otra señora?. . . mira esto uno de los niños de más edad.
Santi frenó en seco.
—¿Cómo que otra señora? —preguntó, confundido.
El niño señaló hacia el mensaje que tenía en el celular donde Vittorino