Alejandra caminaba de un lado a otro de su despacho con el teléfono en la mano. Había aprendido a reconocer ese estado incómodo en su interior: cuando cada movimiento parecía correcto, pero el resultado no lo era. Cuando el plan seguía en pie, pero ya no respondía como antes. . .Las grietas estaban allí. . .Vittorino no reaccionaba como ella había previsto.. .No se desbordaba...No confrontaba a Amanda.. .No se refugiaba en ella. Eso era lo verdaderamente peligroso.
—Está pensando —murmuró con irritación—. Y cuando él piensa, deja de necesitarme.
Alejandra sabía que debía actuar. No atacando, sino cubriéndose. Si lograba instalar una explicación alternativa antes de que Vittorino sacara sus propias conclusiones, aún podía ganar tiempo. Asi que se decidió a realizar aquella llamda que le venía sonando en su cabeza desde la noche anterior. . .Marcó su número.
La videollamada tardó unos segundos en conectarse. Cuando el rostro de Vittorino apareció en la pantalla, serio, contenido, Alejand