—Amanda —pronunció su nombre con esa autoridad natural que siempre la desarmaba—. ¿Qué pasa?
Con un suspiro tembloroso, levantó la mano mostrando las pastillas. —Olvidé tomarlas —susurró.
El silencio se hizo más denso entre ellos. Vitto bajó la mirada al blíster y luego volvió a enfocarla en Amanda. No dijo nada de inmediato, pero la intensidad de su expresión hizo que ella sintiera como si el suelo temblara bajo sus pies.
—¿Cuántos días? —preguntó finalmente.
—Dos —respondió ella en voz baja.
—Entonces, existe la posibilidad...
Amanda apartó la mirada, sintiendo el calor subirle al rostro. —No lo sé... —murmuró.
—Si es así —dijo con calma—, lo enfrentaremos juntos, eres mi esposa, que pasa?
Amanda sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas, no de tristeza, sino de miedo e incertidumbre. La intensidad de sus sentimientos por Vitto la abrumaba, la hacía sentir pequeña e indefensa.
—Pero Vitto...No hemos arreglado nuestra situación, no debe ser por obligación el permanecer juntos.
—Shh