VIENTOS DE CAMBIOS.
Desperté de golpe y con la respiración agitada. Arrodillado cerca de mí estaba Adrián con los ojos cerrados murmurando palabras que no entendí. Tenía su mano puesta sobre mi frente.
—Adrián, ¿qué haces aquí? —Le pregunté. Él abrió los ojos—. ¡Debo estar soñando aún! —fue mi primera reacción al ver sus ojos negros cambiando a verdes y brillantes—. ¿Dios mío, quién eres? —Inquirí levantándome rápidamente de la cama. Él no respondió, estaba como ido y frente a mis ojos el verde de los suyos, se fu