LOS ÁNGELES LLORAN POR ANA ÁLAMO.
Momentos más tarde.
Me tambaleé hasta su cama, mis piernas no respondían mis órdenes. Rodolfo se levantó de la silla que reposaba cerca del médico que hacía la carta de defunción, los dos hombres, al verme, se apartaron para que yo me acercara a ella. La expresión de mi rostro logró que Rodolfo volviera a llorar.
Tomé sus manos entre las mías, estaban sin el calor habitual que tantas veces me arropó y acarició. Aquel contacto logró desvanecerme y sentí un fuerte golpe en la boca de mi estómago.