MISTERIOS DEL PASADO.
—¡Vaya! Quien diría que esa niña delgaducha que no se separaba de las faldas de doña Ana cuándo iba a misa, se transformaría en una mujer… —el hombre exhaló antes de completar la frase —, tan hermosa, pero sobre todo tan voluptuosa —quedé sin habla con mi rostro erguido mientras Edmundo tomaba su agua; luego giró para salir de la cocina al notar la molestia en mi rostro, pero antes de cruzar la puerta volvió a girar hacia mí.
—¡Qué dichoso será el hombre qué monte a tan magistral yegua! —manife