EL DIARIO DE ANTONIO ÁLAMO.
Estefanía.
La noche había llegado, ya faltaban solamente horas para que terminara este día, y realmente así lo deseaba; desde qué Adrián partió, anhelaba que las horas pasaran volando. Entré en mi recámara, no podía evitar estar triste, hasta los momentos no tenía noticia de él, de que si había llegado bien o si ya enfrentaría a Eva, esa situación me turbaba. Giré y quedé frente a la repisa, recordando aquellas noches de amor cuándo él irrumpía en mi habitación.
El pequeño ángel parecía mirarme