LUTZHER ÁNGEL CAÍDO.
—¿Realmente pensaste que sería tan fácil? —su voz azotó mi audición y sentí cómo la sangre fluía saliendo tibia de mis oídos. Él, con nada más hablar, la extraía de mí. Me dijo: —Tienes que primero arrastrarte antes de aprender a caminar.
—Nunca creí que sería fácil, ¡y jamás me arrastraré ante ti! Lo que sí consideré fue que sería tu hijo quien vendría a enfrentarme y no su padre en persona. Si algo estoy aprendiendo es que la muerte no es siempre el final de la historia —le respondí aun si