DE FRENTE AL MAL.
Estefanía.
Los pasillos de la mansión estaban desolados y oscuros. Corrí temerosa buscando a Adrián y a Rosa, parecía que yo estaba en otro mundo, donde todo era igual pero desolado. Llegué a la cocina; ahí estaba María sentada a un lado de la mesa. Me alegré al verla; yacía muy callada y su cara no manifestaba expresión alguna. Me acerqué, pero al tocarla no reaccionó, estaba sumida en un sueño extraño: respiraba y permanecía con los ojos abiertos.
—¡María, debemos salir de aquí! —le infor