LOS ROSALES DE ESTEFANÍA.
Una de sus manos se aferró a mi cabello mientras que la otra rodeaba mi cintura; no sabía cómo responder a sus besos, solo me quedé tranquila dejándole que saciara sus ansias. De repente, todo cambió radicalmente cuando mi cuerpo empezó a responderle; mis labios empezaron a moverse al ritmo de los suyos, despertando en mí una pasión indómita que creí extinta; eso fue peor; Arturo se volvió más descontrolado, apretándome a él con más fuerza.
—Me estás haciendo daño —dije mientras mi boca segu