LA VISITA DE YAHADET.
No habían transcurrido ni quince minutos cuando Violeta volvió para avisarme que un hombre desconocido que se hacía llamar Aldo Montenegro solicitaba hablar conmigo. Aquel aviso me hizo caer en la cuenta nuevamente de que nada de lo que viví durante los últimos días era parte de un sueño, si no que habían sido escenas reales muy vividas. Quedé por un instante en silencio, recordando las palabras de aquel ser que dijo ser mi padre: “Un tercero vendrá, en forma de hombre maduro.”
—Dime ¿Lo hago p