LAS PASIONES JUEGAN MALAS PASADAS.
Arturo.
Miércoles por la noche. Mi reloj de bolsillo marcó las nueve menos diez minutos. La oscuridad ha llegado desde hace mucho tiempo tiñendo la claridad con su velo sacro. Salí de mi camarote y fui directamente a contemplar la oscuridad, con mis pensamientos ocupados en que pronto llegaría a la hacienda «El Renacer» y abandonaría el pasado. Respiré el aire nocturno; con cada exhalación, sentí la esperanza de que, incluso en mis peores días, alguien llegaría a rescatarme, salvaría mi espí