LA BEBIDA DE MARIANA.
Con una inesperada rapidez, el día de la boda llegó. La noche anterior me la pasé rememorando los recuerdos, pensando en mi abuela y en Joaquina, pero también en Adrián. Si solo yo tuviera el hechizo ideal en el que los recuerdos se materializarán y así poder tocarlos una vez más; eso era ilógico. Únicamente podía inmortalizarlos en mi memoria, revivirlos ahí. No sé cuántas veces leí las páginas del diario que mi abuela me legó y no sé cuántas veces contemplé las letras en las que indicaba que