EL ROSTRO DE ADRÍAN.
Estefanía.
El insomnio no me permitía dormir durante la medianoche; por más vueltas que diera en la cama, los recuerdos no me dejaban tranquila; entonces, como siempre, quise invocarlo a él, a Adrián. Mis pensamientos se esfumaron al oír que alguien abría la puerta; me petrifiqué y el miedo me hizo su esclava. Vi a una figura alta entrar; tenía que ser Arturo quien había decidido ponerle punto final al tiempo que me había otorgado… La hora de cumplirle había llegado. Intenté disimular que d