DESPERTAR Y SORTILEGIOS.
—Arturo —la voz se le quebró, mientras continué con la melodía de mis palabras, lo cual resultó insuficiente para ser un momento difícil de comprender— «Arturo» —volvió a pronunciar mi nombre y fue sobre mí para abrazarme, me encontré arrodillado ante ella con la cabeza recostada en su vientre y mis brazos enlazados en su cintura. Ella me apretó de nuevo con fuerza.
—Sí, eres mi hijo. El olor de tu sangre me lo confirma. —Me separé de su vientre para mirarla otra vez.
—Tanto tiempo, madr