EL INVERNADERO DEL RENACER.
—Espero que sea de su agrado —. Al abrir la puerta él me demostró que sí existía el paraíso en la tierra. Se trataba de un invernadero majestuoso; la visión terminó de sacar las lágrimas que yo luchaba por no dejar caer. Arturo se volvió a mirarme, yo bajé la mirada, me sentía insegura y avergonzada, no quería que él me viera de esa forma y mucho menos sabiendo lo autoritario y frío que era.
—Me doy cuenta de que el invernadero le ha agradado —susurró suavemente; sin embargo, permanecí con l