LA MASCARA DE ALYAN.
Quise atacar, pero era imposible, Alyan no había atentado en contra de mí, todo lo contrario, se mostraba amable. Lamentablemente, si ambos clanes, tanto de luz como de tinieblas, no ofendían a las partes, se creaba una especie de escudo invisible que protegía. Escudo que se resquebrajaba con la ira y no era el momento oportuno de sacar la mía, eso solo hubiera sucedido si Adrián regresara. Yo podía amar a Estefanía como se me pegara la gana. El dios Luthzer, que odiaba la debilidad, había sucu