EL CONDE MISTERIOSO.
Estefanía.
Había quedado mirándome por un largo rato frente al inmenso espejo de la alcoba, aquella imagen reflejada en el vidrio no podía ser yo… ¡No me reconocía! Me veía demasiado bien, tomando en cuenta el calvario que estaba viviendo, y ahora se sumaba lo sucedido hace apenas horas con el conde; entonces mi mente comenzó a pensar en estupideces como que aquel extraño té, donde la flor se abría al entrar en contacto con el líquido tibio, tenía el poder de mejorar el semblante, o quizás h