Capitulo 43

Gaia

El aire fresco golpeaba mi rostro mientras corría por el sendero, alejándome de la pesadez de esa casa donde Conan había preferido dormir en otra recámara, dejándome sola con un vacío que me dolía más que el frío de la mañana. Había dejado a Rhea profundamente dormida, aprovechando ese silencio para escapar de la realidad que me asfixiaba.

Pero mientras mis pies golpeaban la tierra, el mundo empezó a cambiar. Sentí cómo esa conexión mágica con la naturaleza, esa que siempre me hacía sentir viva, me envolvía por completo. El bosque no era solo árboles; era algo que latía conmigo. El aroma del pino se volvió tan intenso que podía saborearlo y la luz del sol que se filtraba entre las ramas parecía acariciar mi piel, dándome esa paz que me habían arrebatado anoche.

De pronto, el bosque se agitó en un susurro que no era viento, sino una voz antigua que vibró directamente en mi alma.

— Gaia… —las hojas exhalaron mi nombre.

Me detuve en seco. El aire se volvió
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