Gaia
Desde aquí escucho los gritos de agonía de la manada, a estas alturas no sé de quién se trata si de la manada enemiga o la nuestra.
Me encuentro de pie levemente recostada en la pared, el dolor es cada vez más fuerte,y el único sonido aquí son mis sollozos de dolor mientras lucho con las contracciones que llegan a mi cuerpo, una tras otra.
El ambiente en el aire se siente tan frío y cruel.
La desventaja de tener un olfato agudo es que puedo oler la sangre de la batalla, que viaja a través del aire golpeando mis fosas nasales, haciendo que las náuseas regresen a mi cuerpo.
El Oráculo se encuentra de pie en la ventana observando discretamente hacia los inmensos árboles del bosque y mi madre está a mi lado sosteniendo mi mano.
—¿Que pasa si nos encuentran?— le pregunto en este momento.
—No se preocupe por eso —ella me contesta tranquilamente— usted solo debe permanecer en calma.
No podía creer lo que estaba escuchando.
—¿En calma? ¿Cómo permanecer tranquila cuando el amor de mi vi