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Luka y yo estábamos en medio del pasillo de la mansión. Él me hablaba sobre unos avistamientos extraños en el ala norte, pero yo apenas podía concentrarme. Había algo en el aire que me ponía los pelos de punta, una presión en el pecho que no me dejaba respirar tranquilo.¿Cuántos son? —le pregunté a Luka, tratando de mantener la voz firme aunque por dentro mi bestia ya estaba arañando por salir.— Más de los que podemos manejar si nos toman por sorpresa, Alfa.— Mi mente empezó a trabajar a mil por hora. Pensé en los guerreros que estaban afuera, relajados y sin sus armas a mano. Pensé en la seguridad de la casa. Pero sobre todo, mi mente voló hacia mi compañera.—Alfa , ya he ordenado a los soldados que resguardan la mansión.— me indica Luka — Solo esperan sus órdenes para evacuar y resguardar a las mujeres y niños.—¿Era realmente necesario hacerlo? me pregunté en ese momento, la manada parecía feliz en este momento, destruir esa felicidad






