Gourus
Ver a mi hijo en ese estado me recordaba a las antiguas leyendas de nuestro planeta Sanurdy, parecía un demonio de guerra desatado. Mientras despedazábamos a los licántropos en el jardín, me di cuenta de que Conan ya no estaba peleando por la manada, estaba peleando por su alma. Cuando el prisionero Drekorys escupió aquellas palabras sobre su compañera, vi cómo la humanidad que le quedaba a mi hijo desaparecía casi por completo.
Él no esperó a que el enemigo terminara de hablar. Con un movimiento brutal, le arrancó la cabeza y la lanzó como si fuera basura.
—¡Síganme!...¡Ahora!—rugió Conan por el enlace, y su voz era tan cargada de poder que incluso mis propios instintos me ordenaron obedecer.Corrimos a través del bosque a una velocidad que quemaba los pulmones. Yo iba justo detrás de él, con Demorys a mi flanco. Podía ver la espalda de mi hijo tensarse con cada salto,estaba destrozando árboles y rocas a su paso, abriendo un camino de destrucción. La desesperación le daba una