Gaia
Durante la cena, me sentí terriblemente mal. Las náuseas iban y venían como oleadas implacables que revolvían mi estómago, dejándome un sabor amargo en la boca. Recordé las palabras de mi madre: me había dicho que esto era normal en mi estado, que habría días buenos y otros simplemente insoportables. En este momento, Conan se encontraba conversando en la oficina de su padre con los demás Alfas; me pidió con insistencia que lo acompañara, pero yo decidí quedarme aquí. El salón estaba lleno