La presencia de Julián en la fiesta fue como una chispa que encendió un fuego latente. Ana lo miraba con los nervios a flor de piel, sintiendo cómo el aire entre ellos se volvía denso, mientras Martín se tensaba cada vez más a su lado.
—¿Julián? —dijo Martín, con una sonrisa falsa, apretando la copa con tanta fuerza que parecía a punto de romperse—. Qué coincidencia encontrarte aquí.
—Coincidencia o destino —respondió Julián con serenidad, sus ojos clavados en Ana—. Supongo que ambas cosas a ve