CAPÍTULO 19. Un instante para desatar a la bestia
CAPÍTULO 19. Un instante para desatar a la bestia
No hay un alma alrededor que no parezca incómoda. Las vendedoras de la tienda, y en especial el guardia de seguridad que se acerca a mí de inmediato.
—No te atrevas a tocarme —le advierto con el tono más gélido que puedo proyectar, y al parecer funciona porque el guardia vacila.
Su mirada vaga desde Anabella hasta mí, como si esperara una orden definitiva de parte de alguno de sus jefes, pero las vendedoras no se pronuncian.
Ya no soy alguien a