REINA DE HIELO. EPÍLOGO.
REINA DE HIELO. EPÍLOGO.
Estoy oficialmente harta.
Del calor, del peso, de mis tobillos hinchados, de la panza que parece una montaña rusa de pataditas internas, y, sobre todo, de las personas que me dicen que estoy “radiante”. Estoy sudando como una atleta olímpica en pleno verano y no veo nada radiante en eso.
—¡Y no me vuelvas a decir que me veo tierna embarazada! —grito desde la sala, mientras intento levantarme del sillón con la dignidad de una foca prehistórica varada.
La pobre enfermera