Esa noche, el sonido de la lluvia golpeando las tejas parecía acompañar el latido del corazón de Jasmine. Mientras cubría a Roberta con a manta en el sofá, sus pensamientos no la dejaban en paz. Pedro estaba en su vida, tan presente, tan real, que le costaba recordar cómo era la rutina antes de su llegada. La casa parecía más viva, más cálida. Hasta las paredes antiguas, con su pintura desgastada, parecían respirar diferente.
Pedro se levantó temprano, como siempre, aunque la lluvia no hubiera